El rechazo del fútbol asiático profundizó la crisis que atraviesa la FIFA por el proyecto de Infantino. La oposición ya no es aislada, sino que involucra a múltiples regiones clave del fútbol mundial.
Las críticas se centran en la falta de diálogo y en el posible impacto negativo de abrir el negocio a inversores privados. Esto generó temor incluso a posibles boicots en futuras competencias.
La acumulación de rechazos deja al dirigente en una posición frágil, con un escenario político cada vez más adverso. El futuro del proyecto depende ahora de revertir una tendencia que parece consolidarse en contra.




